Liturgia viene de la palabra griega leitourgía λειτουργία que a su vez está compuesta de leitos, popular, (del pueblo), y ergon, obra. [2] Esto implica que desde el uso griego se refiere a una "obra" que pertenece a la comunidad, tanto en el terreno social como religioso.
En el Antiguo Testamento, se aplicó el término sobre todo al servicio
cúltico del Templo. En el Nuevo Testamento se habla de esta liturgia judía
del Templo (por ejemplo, hablando del ministerio de Zacarías, como sacerdote
en el templo: Lc 1,8) pero cuando se aplica a las realidades propias cristianas,
se llama Liturgo a Cristo, Sumo sacerdote (Hb 8,1-6)
y también a la liturgia de la vida, como ministerio de un apóstol "Ser
para los gentiles ministro de Cristo Jesús, ejerciendo el sagrado oficio"
(Rm 15,16). O caridad fraterna "En lo referente al servicio de Dios" (Rm
15,17) etc.
Además, para designar las celebraciones cristianas se han empleado a lo
largo de los siglos otros términos, como Oficio, Sagrados
ritos, Celebración y acción, etc. En nuestra Iglesia católica
desde el siglo pasado y sobre todo en este siglo se usa la palabra liturgia
con el sentido que damos ahora. Por este nombre se designan especialmente
"a aquellas celebraciones que la Iglesia considera como suyas
y que están contenidas en sus libros oficiales, y se realizan por la comunidad
y los ministros señalados para cada caso: Así es liturgia, la celebración
de la Eucaristía y los demás sacramentos, la liturgia de las horas, los
sacramentales" [3] etc.
La liturgia cristiana se entiende con mayor profundidad desde la reforma
realizada por el Vaticano II consignada en la Constitución sobre
la Sagrada Liturgia SACROSANCTUM CONCILIUM (SC), realizada sobre
todo en los libros litúrgicos. Dando un paso definitivo en lo que se refiere
a centrar la celebración litúrgica y la liturgia en Cristo y lo que celebramos
de él. Es así como, la liturgia aparece como medio "donde se ejerce la
obra de nuestra salvación" (SC 2) por la celebración, de los sacramentos,
donde Cristo Glorioso nos comunica la fuerza salvadora de su Misterio
Pascual, haciendo se presente en la comunidad, en la persona del ministro,
en la proclamación de la Palabra en la acción de todos los sacramentos,
sobre todo de la Eucaristía, donde identificado con el pan y el vino,
se nos da él mismo como alimento (SC 7). Desde esta visión clara de liturgia
es necesario también enfatizar el papel de la liturgia en la vida del
creyente, es decir, en lo que él celebra en relación al Misterio del Dios
Revelado, en lo cotidiano de su vida. Es así, como la liturgia toma el
sentido de la Praxis de la Iglesia donde la obra de salvación
realizada por Cristo es continuada por la Iglesia, y actualizada en la
liturgia que celebramos día a día, dentro del ámbito sagrado
a partir de lo cotidiano.
Por eso, pienso que para nosotros los creyentes no solamente deben ser fundamentales los conceptos y realidades que se refieren a la <liturgia> y necesario conocerlos, sino además, el poder celebrar en nuestra Iglesia con una participación plena, conciente y activa, para que como files creyentes podamos vivenciar los bienes Salvificos dados por Dios en nuestro Señor Jesucristo.
En las próximas entregas presentaré los temas que nos ayudarán a tener una visión esencial y necesaria para que podamos celebrar como se debe. Puesto que a veces participamos, pero no celebramos.
Celebrar es vida y la vida es celebración.
[2] VOCABULARIO BÁSICO DE LITURGIA. José Aldazábal, Biblioteca
Litúrgica. Pág.
217
[3] Ibíd. Pág. 218
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