
En el evangelio de hoy Mateo resume de manera magistral el mensaje de Cristo en cinco versículos. La lectura completa de este fragmento es de una riqueza y profundidad incomparable. Sin embargo vamos a centrarnos en la misión que le dio Jesús a sus discípulos: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado”.
Este pasaje resume la tarea a la que la Iglesia se ha dedicado durante los últimos veintiún siglos. Siendo nosotros bautizados hemos adquirido también la responsabilidad de enseñar a los demás a vivir como Jesús quizo que lo hiciéramos. Y así como los miembros del cuerpo tienen diferentes funciones, las personas en la Iglesia tenemos diferentes carismas y por lo tanto diferentes formas de evangelizar. La pregunta aquí sería ¿Cómo lo estamos logrando?, ¿Qué estamos haciendo?
La tarea de evangelizar no es fácil y requiere algún nivel de sacrificio por parte nuestra. Algunas personas han decidido servir comprometidamente como sacerdotes, religiosos, misioneros, catequistas, etc. Pero aquellos que no nos identificamos con estos estilos de vida podríamos y deberíamos hacerlo desde lo que somos y hacemos a diario, en nuestro trabajo, en nuestro estudio, en nuestros ratos de esparcimiento, etc. Es adoptar esas pequeñas actitudes y hábitos que como un gotero van llenando un gran balde, hacer pequeñas acciones diarias que vayan llenando de sentido y de amor nuestras vidas.
Por ejemplo, si tengo algún mal hábito o vicio, podría hacer un propósito concreto y esforzarme por reducir esas actitudes al 80%, 50%, 20% o cortarlo de raíz. Otra forma sería haciendo algo fuera de lo normal, como saludar al vecino que nunca saludo, o preguntarle algo a ese o esa del trabajo que me cae tan mal. Orar mucho y ofrecer esos pequeños sacrificios a Dios, no desanimarme si caigo y jamás pensar que todo ha sido en vano. Es fundamental frecuentar los Sacramentos, visitar al Santísimo y rezar el Rosario porque recibimos gracias inmensas para cumplir con nuestra tarea.
Seguramente en poco tiempo la gente notará la transformación en nuestras vidas y se preguntarán que hemos hecho para cambiar. Así, estamos evangelizando porque le enseñamos a las personas a través del ejemplo y lo haremos con autoridad porque estaremos viviendo y sintiendo la acción de Dios en nuestras vidas.
La expresión más grande del amor de Dios ha sido la Salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo; a través de su mediación y la acción del Santo Espíritu nos colma de dones y gracias para que avancemos en nuestro caminar. El Señor subió al cielo pero no se quedó allá esperándonos, sino que se acerca diariamente a nuestras vidas para tocar en nuestros corazones, para decirnos que nos quiere, que tenemos un propósito aquí en la tierra y una meta en el Cielo. La Santidad y la vida eterna.