Una Nueva Creación

Una Nueva Creación

Iluminación de la Palabra para la semana
Domingo de ramos, 16 de marzo de 2008

"Domingo de ramos"

Por Gustavo Adolfo Beltrán

El Evangelio de hoy nos ilumina hoy con un pasaje que es bastante radical y gráfico respecto de una cuestión que siempre nos asalta: ¿Qué es hacer la voluntad de Dios?

De un tiempo para acá se volvió difícil darnos cuenta de que es lo que realmente nos pide Dios, y esto se debe en gran medida a la tendencia tan difundida en el mundo actual de creer que la verdad es subjetiva, muchas veces pensamos que lo mejor para evitarnos dolores de cabeza es hacer simplemente lo que la conciencia nos dicte o seguirle la corriente al mundo, así lo que era bueno y deseable hace unos años hoy en día nos parece retrogrado y anticuado, ¿Les recuerda esto a cierta Iglesia que conocemos?.

La primera actitud plantea un problema y consiste en que nuestra conciencia nos puede engañar fácilmente, si bien es cierto que la conciencia es un don que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros para distinguir lo que esta bien y lo que no, es posible que dicha conciencia tenga errores de juicio o se encuentre deformada e incluso adormecida por algunos malos hábitos o pecados, que no haya sido formada correctamente debido a los ejemplos recibidos, entre otras cosas.

Por otro lado, ir con las tendencias del mundo nos pone en una situación difícil ya que la medida del éxito está en cumplir nuestros deseos, lo cual deja un gran frustración pues se nos exigen muchas cosas que en algunos casos no podremos ser o tener (belleza, fama, éxito, sensualidad, dinero, poder) y que en el caso de obtenerlas tampoco van a llenar un vacío que solo puede llenar el amor de Dios. No estoy diciendo que las cosas materiales no sean importantes, claro que sí, existen porque son necesarias y se debe hacer un buen uso de las mismas, de hecho disfrutar de estas cosas también es algo que Dios quiere para nosotros, pero para ser felices es necesaria una renuncia voluntaria a nuestros deseos y egoísmos.  

Si nos dejamos llevar por nuestros impulsos y deseos seremos personas volubles y sin carácter que, como la multitud del evangelio, un día salieron con palmas a la calle a recibir a Jesús y a los tres días gritaban enardecidos que lo mataran. No tener un criterio sólido y bien cimentado nos lleva a la situación de desasosiego que vemos en la actualidad, muchos ya no saben que creer porque todo es verdad dependiendo de donde se le mire, entonces lo único que queda es pensar que todo es relativo y dedicarse a vivir como mejor se pueda.

El camino de Dios es exigente y requiere tres cosas, humildad fe y oración. Esto no es sencillo, el mismo Jesucristo nos lo demuestra en el evangelio cuando dice “Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo; pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”. Dios sabe esto, el nos conoce y ve hasta donde alcanzan nuestras fuerzas, por eso nos regala tantos dones y virtudes, para que no nos dejemos vencer de las tentaciones del mundo y así como Cristo se quedó en la cruz nosotros renunciemos también a nuestros deseos cuando nos digan: “no te esfuerces”, “haz lo que quieras sin importarte los demás”, “¿Para qué gastar tu vida por los demás? Lucha solo por lo tuyo”, etc.

Finalmente debo decir que la oración es supremamente importante, la oración es el equivalente a la respiración en la vida espiritual. Hay que orar para que nuestra conciencia no se duerma como los discípulos que estaban con Jesús en Getsemaní y para que podamos hacer cosas en favor de los otros sin esperar nada a cambio, cuando actuemos de esa manera, estaremos haciendo la voluntad de Dios.

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