Una Nueva Creación

Una Nueva Creación

Iluminación de la Palabra para la semana
Domingo 23 de marzo de 2008

"Domingo de Resurrección"

Por Gustavo Adolfo Beltrán

El acontecimiento de La Resurrección de Cristo que celebramos en este día constituye el pilar de nuestra fe pues es el culmen de las promesas mesiánicas, es por esto que la Pascua (paso) es la fiesta más importante del calendario litúrgico y es en torno a ella que se programan todas las celebraciones del año. Hoy nos vestimos de fiesta porque Cristo Resucitó, venció el poder de la muerte y nos dio así la oportunidad de Resucitar con Él a una vida nueva y eterna en la presencia del Padre.

Celebramos porque la Resurrección es real y verdadera, no se trata de un montaje o un complot como se sugiere en algunas películas y libros publicados en diversas épocas. De haber sido así, los primeros damnificados hubieran sido los apóstoles porque habrían dado su vida por una causa perdida y, seguramente las consecuencias de su predicación no serían tan grandes ni tendrían la fuerza suficiente para transformar la cultura de la civilización occidental como lo han hecho hasta el día de hoy.

La pregunta no es ¿Qué pasó con los apóstoles? sino más bien ¿Qué vieron los apóstoles? Si no hubieran visto a Jesús Resucitado, no habría sido posible que un grupo de seguidores que ya estaba disgregado y desilusionado, empezara de repente a proclamar que Jesús estaba vivo aún sabiendo que esto les significaba persecuciones e incluso la muerte.

Ser Cristiano es entonces creer que Cristo Resucitó y por eso esta celebración no se queda en una fiesta más, sino que es una oportunidad que nos brinda el Señor para renovarnos, así como Cristo ha vencido la muerte hace más de dos mil años, de la misma manera hoy Él sigue dando vida a nuestros corazones. De ahí la importancia de habernos preparado durante la cuaresma y de haber vivido estos días en oración y reflexión de la mejor manera posible.

Es preciso poner nuestro granito de arena para que esta oportunidad que Dios nos regala dé verdaderos frutos. Seguros de haber fortalecido nuestra esperanza en el Señor y revestidos con las gracias que Él nos regala, debemos disponernos para afrontar la vida con una nueva actitud. Una actitud de conversión que nos exige esfuerzo y que muy seguramente tiene reveses y desilusiones. Pero no hay que desanimarse si volvemos a caer en las viejas costumbres y defectos que tenemos cada uno, el truco está en ponerse pequeñas metas que podamos ir cumpliendo a diario para cambiar esos hábitos gradualmente, orar mucho, frecuentar los Sacramentos y por su puesto alimentarnos de la palabra a diario; así, al cabo de un tiempo, estaremos más cerca de la meta final: la santidad.

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