
La Liturgia para hoy nos recuerda un pasaje que sugiere una serie de mensajes bastante impresionantes para poder enriquecer nuestra vida espiritual. Habla del tener sed, del buscar y encontrar aquello que pueda suplir nuestras necesidades en todos los aspectos de la vida.
Nos encontramos en el Antiguo Testamento con una primera aproximación, en la que el pueblo de Dios, muy humanamente clama por que su sed sea saciada, y aún cuando sigue esperando en Dios, antes que confiar su esperanza en Él reclaman a su líder, Moisés, pero no lo hacen de frente, cara a cara, sino que acuden a lamentarse en la murmuración.
En el Evangelio, Juan relata el momento en el que Jesús llega a un manantial. De acuerdo al relato, es una mujer la que se acerca, pero vamos encontrando que, Jesús llegó primero allí, y es Él quien llega al encuentro de la samaritana.
Jesús de acuerdo al relato, iba cansado del camino, probablemente con sed, y rompiendo los esquemas de “leyes” de su época, entabla conversación con la samaritana y a final de cuentas, quien resulta tener sed es ella.
Encontramos dentro de todos significados que sugieren los textos de la Sagrada Escritura para hoy:
En el ámbito de la vida y labor dentro de la Iglesia, ¿Quién no ha pasado por situaciones incómodas y de crisis? Es muy probable que hayamos sorteado situaciones en las cuales nuestra labor y liderazgo haya sido cuestionada o inclusive hayamos cuestionado a Dios, a nuestros líderes, a nuestra misma Iglesia. La Cuaresma es ocasión para detenernos a reflexionar en lo verdaderamente importante, en el orar y el actuar, es un acto primario quedarnos en la queja y la murmuración. Ciertamente en la mayoría de casos, sin proponérnoslo nos ha sucedido lo mismo: las pruebas nos hacen reclamar a lo que nos rodea.
Dios responde en grande, NO en la pequeñez del ser humano. Puede ser muchas veces desconcertante, pero Él no ignora nuestras limitaciones y la evidencia está en la Cruz; Él Plenifica nuestra condición, no nos deja ver únicamente el sentido de las situaciones en un nivel humano y terrenal, sino lo que es mejor: Jesús nos invita a no quedarnos en la sed de nuestra humanidad, sino a contar con Él, la fuente de toda plenitud espiritual.
Con un Creador y un Redentor tan misericordioso, ¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?
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